jueves, 30 de octubre de 2008

Sin miedo ni rencor

Han vuelto. Quieren quedarse a toda costa, vivir para siempre en nuestra cabeza, meternos el miedo en el cuerpo. No podrán. No han podido nunca y tampoco ahora podrán.



Sé lo que digo porque he estudiado y vivido y trabajo en la Universidad de Navarra. Llegué en 1989 y aquí me he quedado. En la Universidad conocí a mi esposa y en Pamplona han nacido nuestros 4 hijos, así que puedo asegurar que mañana mismo la normalidad habrá vuelto al campus.

Desde 1979, ETA ha atentado seis contra esta Universidad y nunca han logrado nada. Son idiotas. La anterior
, en 2002, fue en Mayo. Hoy ha sido en Octubre. En ambos casos, un mes de la Virgen.

Este atentado no se ha llevado a nadie por delante. Faltó poco porque hoy la bomba estaba hecha para matar. No para intimidar, no para demostrar fuerza.
La Bestia etarra quería sangre y, si no lo ha conseguido, ha sido por muchos pequeños detalles, por casualidades o, más bien, causalidades. Si hoy no hay muertos es porque hay Dios.

Gracias a eso Javier Mata, está en su casa con sus 6 hijos 6. Su ventana es la que arde en el vídeo y se salvó porque estaba fuera de su despacho. O Jose de Cea (con el que viví en Torre I, colegio mayor en sentido literal que aparece en la foto de la izquierda), o Txusmi Turrillas -fanático del béisbol y entrenador en el Colegio Irabia-, o... Todos son nombres "con cara y ojos" a los que conozco y aprecio. Irma, Mª José, Gonzalo, Ana. Gente buena, trabajadora, a la que hoy ETA ha puesto en el punto de mira.

Sin embargo, no ellos no odian a los asesinos. Lo sé porque les conozco, porque he trabajado con ellos y porque hoy les he mirado a la cara. Ellos no tienen
NI MIEDO NI RENCOR. Ellos -y yo con ellos- van a volver mañana a su puesto de trabajo con serenidad. Sin miedo ni rencor darán testimonio de que por este camino no se va a ninguna parte. Habrá dolor, sí, pero también perdón porque perdonarán. Rectifico. Ya han perdonado.

Por eso esta guerra es una guerra perdida para ETA.

martes, 28 de octubre de 2008

El gran salto


Dick acaba de cumplir 60 años, pero no los aparenta. Si te fijas un poco más descubres a un tipo sonriente de pelo cano y nariz aguileña. Vive en una granja de Idaho, oeste americano, donde se esfuerza por esquivar plagas y predecir granizos. Lleva una vida pacífica y sin sobresaltos, aunque a veces sueña con aquel otoño mexicano que cambió su vida.

A los 21 años era un chaval inquieto y enamorado del atletismo. Sus amigos le decían que lo suyo era el baloncesto, pero Dick también era terco: a él le gustaban el salto de altura y el campo. En ese orden. Su pasión por los cultivos la saciaba estudiando ingeniería agrónoma. Con el salto de altura lo tenía peor porque era muy flaco y, en aquella época, los entrenadores buscaban saltadores robustos. Atletas lentos, pero potentes. Así que, después de muchos fracasos, Dick fue separado del equipo. “No vales para este deporte, chico. Inténtalo con el baloncesto”.

Ese revés le hizo pensar. Mucho. Tanto pensó que su disculpa fue inverosímil: cuestionar la técnica que le habían enseñado. Alguien dijo entonces que, además de mal saltador, era tonto. Él siguió baturro en su idea, secuestrado día y noche por la obsesión de encontrar un camino nuevo, empeñado en descubrir una fórmula para volar por encima del listón. Encontró la solución gracias a la Física: lo mejor era saltar de espaldas, superar la barra al revés sin abrirse la cabeza. Al principio la idea le costó burlas ajenas, pero sirvió para convencer a su entrenador que, al final, le hizo un hueco en el equipo de atletismo.

Con su innovación ganó los campeonatos universitarios de EE.UU. y se clasificó para los Juegos Olímpicos de 1968. El 20 de octubre nadie esperaba verle en la final del salto de altura. Pero allí estuvo. Cuentan los presentes que Fosbury se paró en su último intento a unos cincuenta metros del listón, inmóvil como una estatua griega. Aquellos momentos de concentración extrema congelaron el aire y, por unos instantes, un silencio olímpico reinó en el estadio. Justo hasta que las gradas –ansiosas por verle saltar antes de la llegada del maratón– rompieron a gritar: “¡Ándale, gringo! ¡Ándale!".

Entonces Dick empezó a abrir y cerrar los puños mientras hacía ruidos con la garganta. Mugía igual que una vaca, como si quisiera sacarse el salto de las entrañas. Comenzó a balancearse jaleado por el público y, de pronto, echó a correr. Corrió. Cada vez más rápido, más alto, más fuerte. Y ocurrió el milagro. Fue ante miles de ojos incrédulos que vieron a un hombre volar de espaldas. Un rayo en camiseta azul marino y pantalón blanco. Un atleta suspendido de la nada, dorsal 272 y el listón por debajo del cuerpo.

Era Richard Fosbury consagrando las mejores Olimpíadas de la Historia. Las de Bob Beamon y sus 8,90 legendarios, los tres oros de la asmática y adolescente nadadora Debbie Meyer y los 100 metros lisos en menos de 10 segundos. Era la máquina del tiempo, México convertido en Grecia y los Juegos de nuevo en Olimpia. Fue la gloria hecha plusmarca épica: 2 metros y 24 centímetros. Corona de olivo. Medalla de oro.

Al terminar el sueño de México 68, Dick regresó a su Escuela de Ingeniería y la vida le obligó a elegir: el atletismo o la universidad. No lo dudó. Al terminar sus estudios, Fosbury colgó las zapatillas, esquivó a la fama y se hizo granjero. Fue su último salto. El más grande.

viernes, 24 de octubre de 2008

Volverse español

El programa de humor "Vaya semanita" de la televisión pública vasca (EiTB) es el mejor ejemplo de cómo reírse de uno mismo con inteligencia. Sus vídeos circulan por la red alegrando las jornadas laborales, aunque la expansión de la TDT ha dejado a muchos de sus incondicionales -entre los que me cuento- a dos velas.

José Luis de Cea, bloguero y profesor de Marketing en el Master de Comunicación Política de la Universidad de Navarra, me pasa el anuncio de promoción del programa emitido el pasado mes de septiembre. O sea, noticias "frescué", pero que merecen la pena.


video

Si nos tomáramos la vida con más sentido del humor seguro que bajaban las ventas de Prozac.

lunes, 20 de octubre de 2008

Carta abierta al Juez Garzón

Por su interés, por su claridad y porque, sencillamente, me da la gana, reproduzco la carta que Paco Sancho dirige al juez Baltasar Garzón. El original en su blog El rincón de Pacotto.

Sr. D. Baltasar Garzón Real
Magistrado-juez del Juzgado Central de Instrucción Nº 5
MADRID

Respetado juez:

Mi nombre es Francisco Sancho Crespo, con DNI que no pongo aquí por una elemental prudencia en la protección de datos (no obstante, doy por sentado que llegada la necesidad y con mínima diligencia podrá averiguarlo y localizarme, entre otras cosas porque no me escondo). También le adelanto que, en esa línea prudencial, la firma que cierra este escrito me pertenece, desde el punto pericial caligráfico, aunque no es la que habitualmente utilizo para rubricar mis compromisos, mayormente bancarios e impositivos.

Le escribo en calidad de víctima contemplada en el Auto que ha firmado en Madrid a dieciséis de Octubre de dos mil ocho bajo el título DILIGENCIAS PREVIAS PROC. ABREVIADO 399/2006 V. Soy víctima reconocida por usted porque mi abuelo Eloy Crespo y mis tíos Juan José, Antonio y Mariano Crespo fueron asesinados y luego desaparecidos dentro del periodo que usted abarca en su Auto. Desde entonces, desde la madrugada del 28 de julio de 1936, nadie de la familia sabe nada de los cuatro, solo eso: que fueron secuestrados, torturados, asesinados y malenterrados en alguna cuneta de la carretera que unía Alcañiz con Calanda. Y le escribo a título personal, es decir, no sé que piensan de esto ni mis hermanos ni mi única tía que queda con vida ni mis primos, aunque como creo conocerlos me parece que apoyarían este escrito.

Pero le escribo, insisto, solo en mi nombre, para decirle que me deje en paz y que deje a mi abuelo y a mis tíos en paz, y aunque no tengo por qué hacerlo le voy a dar algunas razones.

La primera, que fui educado en el seno de una familia que predicó con el ejemplo la concordia y el perdón frente al odio y mucho más el revanchismo; si mi madre, que padeció tan de cerca toda aquella salvajada, me insistió durante toda su vida en que aquella tragedia volvió locos a muchos y su cristianismo solo sabía predicar el perdón, no creo que sea usted la persona más adecuada para decirme lo que debo sentir.

En segundo lugar, en mi vida he oído de mis padres, de mis tíos, de nadie, la necesidad de saber dónde estaban los cuerpos de nuestros seres queridos a los que día a día llevamos en el corazón; y si ellos, que fueron testigos directos de la barbarie, mostraron su deseo de no recuperar los cuerpos, imagínese quién seré yo para pensar lo contrario.

La tercera razón, y esto va muy relacionado con lo anterior, es que no me fío nada de usted porque miente. En el apartado 4 del Punto Primero de sus Razonamientos Jurídicos dice textualmente que "un examen imparcial y sereno de los hechos, nos lleva también a afirmar que al igual que los vencedores de la Guerra Civil aplicaron su derecho a los vencidos y desplegaron toda la acción del Estado para la localización, identificación y reparación de las víctimas caídas de la parte vencedora, no aconteció lo mismo respecto de los vencidos..." y eso es una mentira capital por lo que le he contado: mi familia estaba en el bando de los que usted califica de vencedores pero nunca, nunca, desplegaron la mínima acción para localizar, identificar y reparar a sus víctimas, y de esto doy fe directa tanto por lo ocurrido en mi familia como en otras de nuestro entorno.

Comprenderá que si le encuentro mintiendo en asunto tan capital me es difícil seguirle y creer que está actuando de buena fe y con el único norte de la Justicia. Usted mismo, en el prólogo que escribió al libro 'Los maquis en Sierra Mágina', de Luis Miguel Sánchez Tostado, contaba la historia de su tío Gabriel Real, condenado a muerte que se libró pero sufrió injusta prisión y que fue su héroe infantil; de hecho, en su propio libro 'Un mundo sin miedo' escribe sobre la Guerra Civil: "Son tantas las historias e injusticias relatadas que quedaron grabadas en mi memoria infantil y decidí hacer algo para que esa etapa no volviera a repetirse".

Y por supuesto que está en su derecho. Pero no en el mío. Y mi derecho es que me deje en paz, que deje a mi abuelo y a mis tíos descansar en paz. Si, como dicen las estadísticas de su Auto a falta de pulir, en Teruel hubo 1.338 víctimas desaparecidas, le ruego que se dedique a las otras 1.334 sobre las que no tengo ningún ascendente. A cambio, eso sí, le ruego que el tiempo que pensaba invertir en buscar a mis parientes lo dedique a investigar, perseguir, encontrar, detener, expropiar, juzgar y encarcelar a los criminales que con toda seguridad viven libres y son los responsables dolosos de la ruina económica a la que han llevado a media humanidad a cambio de enriquecerse ilícitamente. Doy por sentado que en su afán de lograr justicia lo hará y que no le tiene miedo a sentar en el banquillo a banqueros, brokers y Gobiernos enteros si fuera menester. Reconozco que es algo más peligroso, pero es justo. Y si usted es capaz de resolver todos los horrores de la guerra, seguro que puede con esto.
Atentamente,

Francisco Sancho

PS.- Si quiere documentarse sobre lo ocurrido en mi casa lo encontrará aquí.

viernes, 17 de octubre de 2008

Más niños, más riqueza

Más niños, más riqueza. No lo dicen los fabricantes de la Wii, reina de las consolas, o los de Chicco, marca infantil por excelencia. Lo dice la Comisión Europea, que no es poco. Antes preocupaba lo que decía la Roma pontificia, pero ahora nos afecta más Bruselas. Por eso alivia descubrir que la UE está preocupada con las predicciones demográficas: en 2030 tendremos 20 millones de trabajadores menos y eso es un problema. A menos población, menos consumo y, encima, menos mano de obra –cualificada o no– para sacar adelante las pensiones y la cobertura por desempleo.

Dice la Comisión que esto pasa porque las madres trabajadoras tienen unas condiciones laborales precarias. Por eso nacen pocos niños y trabajan menos mujeres. Añaden los comisarios que es urgente plantear nuevas medidas para fomentar la natalidad y favorecer que las madres trabajadoras vuelvan a sus trabajos después de los meses de lactancia. Entre otras, aumentar el permiso de maternidad a un mínimo de 18 semanas y ampliar la red de guarderías.

Según los informes comunitarios, si una mujer tiene tiempo suficiente para cuidar a su bebé (y recuperarse del parto) y garantías de que le conservarán su puesto, es probable que siga trabajando después de tener un hijo y que se anime a tener más. Los datos confirman que los países que más protegen a las madres trabajadoras (los escandinavos y Holanda) son los tienen una natalidad más alta y las mujeres –sean o no madres– están más satisfechas con su vida y más comprometidas con sus empresas.

Pero no sólo eso, sino que en los países donde se facilita tener hijos es donde más madres trabajan. Parece que debería ser al contrario (a más hijos, menos mujeres trabajando), pero resulta que si se protege la natalidad y se ayuda a las familias, las mujeres pueden organizarse mejor y retomar su vocación profesional.

La consecuencia inmediata es que la riqueza de Suecia o Finlandia sube por encima de la que tienen los países del sur de Europa. Un estudio de Goldman Sachs sobre el impacto económico de la participación laboral de hombres y mujeres (“Gender Inequality, Growth and Global Ageing”, Global Economics Paper 154) confirma que, si hubiera más mujeres trabajando, se incrementaría el PIB de la eurozona en un 13%, cifra que llegaría al 19% en España. Así que el economista norteamericano Julian Simon, defensor de que sólo el crecimiento de la población garantizaba el progreso tecnológico, tenía razón. A más nacimientos, más consumo, más investigación científica y más riqueza para distribuir.

En resumen, si nacieran más niños, todo iría mejor. Para que eso ocurra son necesarias medidas urgentes que faciliten el nacimiento y crianza de los hijos. Por ejemplo, horarios laborales flexibles, equiparación de las jornadas –es absurdo que los colegios terminen a las 5 de la tarde y que los padres tengan que trabajar hasta las 8– e, incluso, el diseño de trayectorias profesionales que permitan a las mujeres no ser penalizadas por ser madres. ¿Cuánto talento femenino pierden las empresas dejando de lado a las mujeres trabajadoras?

Lo más importante, sin embargo, no lo dice Bruselas y es esto: la familia es el principal entorno educativo (de afectos, de hábitos, de valores) y el lugar donde aprendemos a ser personas. Ese es el principal “trabajo” de los padres y las madres… si tienen tiempo para estar con sus hijos, conquista social que sería buena para las familias, mejor para las empresas y excelente para los Estados. A ver si llega pronto.

Publicado en Diario de Navarra el 6 de octubre de 2008

viernes, 10 de octubre de 2008

¡Qué momentico!

Navarra está que arde y el Diario de Navarra lo recoge con pelos y señales. En el tendido, los votantes de UPN se dividen con el tradicional "Los de sol" y "Los de sombra".

Los de sol son ruidosos y desafiantes y quieren que Sanz eche un par de huevos a la sartén del PP y rompa el pacto que tienen en Madrid. Los de sombra son pausados, calculadores y realistas, así que recuerdan que si el centro-derecha se divide llegarán los indenpendentistas vascos de Na-Bai al gobierno.

El gran Oroz, dibujante legendario y verdadero editorialista de Diario de Navarra, lo ve con distancia y busca símiles de musolari.

En El País, la lectura de
Peridis es menos sutil, pero igualmente válida. Sobre todo, porque la respuesta del presidente de UPN, Miguel Sanz, que va con boina roja de requeté, resume en pocas palabras el sentir de una parte de los votantes de UPN y quizá del propio Sanz.

Para liar más la cosa, los dos diputados forales en Madrid se distancian del caso. Cervera porque está pensando más en su carrera política nacional que en Navarra -y dice que votará "No" contradiciendo a su partido- y Carlos Salvador desaparecido en combate y, que yo sepa, fiel a lo que mande UPN.

Como votante de UPN me pronuncio: cualquier cosa antes de ver a Nafarroa Bai en la Consejería de Educación o en Admistraciones Locales. Razón tiene Rajoy para acusar a los socialistas navarros de "chantaje" político (que UPN siga en el gobierno depende de ellos), pero si al PP no le gusta lo que se está haciendo en Navarra, lo tiene fácil: romper el pacto y ser de nuevo una fuerza política propia. Muchos votantes de UPN se lo agradeceremos.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Voces como aullidos


El pasado domingo “La 2” emitió un reportaje nocturno titulado “Voces contra la globalización”. Ya es triste que un espacio se presente diciendo que va contra algo o alguien, pero así están en TVE.

Según los padres de la criatura, su objetivo era “dar voz a quienes cuestionan la globalización”. ¡Cómo si hiciera falta! Para conocer el ideario de los antiglobalización sólo hace falta ver los informativos sección disturbios, y no documentales que se dedican a resucitar muertos (ideológicos, se entiende). Gentes como Galeano, Pérez Esquivel o Saramago en plan ensayo sobre la ceguera, que es lo suyo. Todos ellos viejos y declarados enemigos de la libertad y la democracia. Eso por no citar al ilustre obispo Casaldàliga. Ya se ve que la Teología de laLiberación desgasta mucho y alimenta poco. En fin, que Dios lo mantenga emérito muchos años.

En contra de lo anunciado, el programa no afrontó el tema “desde muchos puntos de vista”. Se limitó –como era previsible– al discurso izquierdista versión Stalin: abominar de EE.UU., criticar las privatizaciones de empresas y defender al Estado, aunque éste haya demostrado de sobra que sabe defenderse (y atacar) él solo. Estado que según los ¿intelectuales? de izquierda es la solución a todas las injusticias. Menos sociedad y más Estado, menos libertad y más impuestos. Para ellos menos es más, por eso quieren un Poder absoluto que nos diga qué pensar, qué decir, qué condenar. Más o menos como en Cuba o Corea del Norte, cárceles comunistas de las que nadie se acordó en todo el reportaje. ¡Si Orwell levantara la cabeza!

En el desfile de ocurrencias tuvo sus minutitos de gloria el ex agricultor José Bové (que ahora vive del cuento y no de la azada), Ignacio Ramonet –biógrafo autorizado de Fidel Castro– y también ese referente del pensamiento occidental que es Manu Chao, cantante. Ahí se acabó todo. Rectifico. Se acabó con la vicepresidenta de ATTAC animando al personal a enrolarse en los salvajes movimientos antiglobalización. Los mismos que arrasaron Seattle y Génova y que, cual plaga bíblica, se desplazan por el ancho mundo destrozando comercios, parques, cabinas telefónicas y, en general, cualquier cosa que tenga utilidad y haya sido pagado por los ciudadanos.

Perdón, quise decir “el Pueblo”. A este grupo de agitadores se les llena la boca con el Pueblo. “El Pueblo exige”, “el Pueblo quiere”, el Pueblo por aquí y el Pueblo por allá. Ahora bien, si usted tiene una hipoteca o acciones en la Bolsa… ¡Amigo mío! Entonces usted no es parte del Pueblo. Aunque se levante a las 6 de la mañana para trabajar honradamente usted es un explotador, un especulador, el causante de la pobreza mundial y, como se descuide, el asesino de Kennedy y Manolete (por este orden).


Hoy me he enterado de que “Voces” es una serie y amenaza con más capítulos. En ellos nos sacarán de nuestra ignorancia. Su bondad es tal que, cual maestros y camaradas, abordarán el multiculturalismo, el calentamiento global, la industria del miedo (¿perdón?), los pecados de España en la conquista de América y el neoliberalismo (¡cantó la gallina!). El delirio populista de Chávez ni mentarlo. De China, claro, ni una palabra y de las dictaduras islamistas ni acordarse no sea que vengan con sus bombas y turbantes. Con el Real Madrid y su calamitosa defensa no se han atrevido. Por algo será.

Ellos dicen que otro mundo es posible. ¿Qué mundo? ¿El de Bin Laden? ¿Los No Alineados? ¿La Tricontinental? ¿El Komintern? Si usted quiere saberlo lea a Horacio Vázquez-Rial y su indispensable “La izquierda reaccionaria” (Ediciones B, 2003). Saldrá de dudas.

Yo no sé qué le habremos hecho para que nos torturen con estos panfletos moscovitas en los que las voces humanas se transforman en aullidos. El hombre es un lobo para hombre. O eso quieren que creamos. Al tiempo.

lunes, 6 de octubre de 2008

Otra resurrección





Si Noviembre es el mes de los difuntos, Octubre va camino de ser el de los resucitados. El pasado viernes escribía sobre la publicación de una novela póstuma de Cabrera Infante y hoy me asomo a la reaparición del histórico YA, diario católico fundado por Herrera Oria en 1935 y desaparecido hace una década en medio de un escándalo económico y laboral.

Aunque lleva en pruebas todo el verano, la presentación oficial fue el pasado viernes en la Asociación de la Prensa de Madrid, donde sus impulsores (dos periodistas de Radio Intercontinental, Rafael Nieto y Juan Manuel Pozuelo, éste último vinculado al partido católico Alternativa Española (AES)) confirmaron que apuestan por el Humanismo cristiano como línea editorial, pero sin adscribirse a ningún grupo mediático o ideológico. Aunque ellos no lo hagan, otros lo harán por ellos.

El nuevo YA (www.diarioya.es) es, por ahora, una aventura digital. Digo digital porque no prevén una edición impresa "al menos hasta dentro de 5 años", aunque no descartan publicar un semanario en 2009. Vistas las dificultades de ALBA, del Grupo Intereconomía, y los despidos masivos en La Gaceta de los Negocios me pregunto si no es mejor concentrar esfuerzos y dejarse hacer cada uno la guerra por su cuenta.

Entre los colaboradores del diario YA hay de todo. Escritores y periodistas -como Juan Manuel de Prada o Paloma Gómez Borrero-, historiadores -José Luis Orella-, médicos -como el psiquiatra Aquilino Polaino- y políticos como el eurodiputado y vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, o ex alcalde de Madrid Álvarez del Manzano. Incluso el director de información socio-religiosa de la COPE, el sacerdote Manuel Mª Bru -que se opuso con valentía a los desvaríos de Jiménez Losantos contra el cardenal de Barcelona-, está en el Consejo Asesor.

Algunos ¿maliciosos?, sin embargo, ven la longa manus de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), o lo que es (casi) lo mismo, de la Fundación San Pablo-CEU, dueña del archivo histórico del antiguo diario YA. Estas cosas ocurren cuando se comparte fundador, de nuevo Ángel Herrera Oria junta al P. Ángel Ayala SJ, combativo jesuita de principios del siglo XX. Sin embargo, si ellos dicen que no tienen nada que ver, será que es cierto.

Recapitulemos. Entre las firmas destacadas podemos identificar a miembros del Foro Arbil, de la Universidad San Pablo-CEU, de la COPE, del Opus Dei, del PP, de AES... Eso sí, todos "a título personal" (sana costumbre de los católicos desde el Vaticano II) y unidos en la defensa de la civilización occidental. Laus Deo.

Le deseo lo mejor a este renacido diario YA. Con la improbable esperanza de que no caiga en el inefable tradicionalismo cultural -en el sentido acuñado por el historiador Gonzalo Redondo- de la derecha católica española.

viernes, 3 de octubre de 2008

Cuba, enfermedad incurable

¡Ha resucitado Guillermo Cabrera Infante!. Maestro y modelo aunque odiara serlo. Lo hace de la mano de su viuda, Miriam Gómez, que ha tenido que recurrir a la piedra Rosetta para descrifrar la letra espinosa de los manuscritos de su marido. Nace así La ninfa inconstante (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores), novela que llega del más allá firmada por el genio cubano de las letras, príncipe en las Asturias de Oviedo. Y esta noticia me impulsa a resucitar -yo también- una elegía a Cabrera Infante llorada con tinta azul un 21 de febrero de 2005, fecha triste de su muerte.

Escribo este lamento desde un recodo de mi vida, en esa edad indefinida en la que empiezan a llamarte “señor” aunque sea un tratamiento de burgués contrarrevolucionario.

Nací, llorado Guillermo, cuando ya vivías en un país llamado Exilio, capital Miami. Ignoro si también Madrid y Londres. Poco importa. Entonces eras ya un desterrado, un guajiro/War Hero de Gibara, un cubiche sin Cuba, un criollo con bigotes de médico chino. En la concreta, un cubano maldito, que hoy viene a ser lo mismo que un maldito cubano. O más bien un cubano que siempre estaba en Cuba, ya fuese con la memoria, con la lengua de acero o con el puro humo de un tabacón elevándose ante tus espejuelos trostkistas (el humo, no el tabacón).

Por mis venas, así lo quiero, corre tu sangre de cabrerainfante hasta la médula. Me la inyectaron hace mucho tiempo en dosis sucesivas y crecientes. La primera vez con cuatro o cinco años. El hechicero fue mi abuelo Joaquín, un emigrante español sigiloso y plateado que llegó a La Habana en 1908. Era apenas un niño, pero nadie quiso a Cuba más que él.

Tengo algunos recuerdos de aquella primera transfusión, que fue más bien un viaje a través de las palabras. Conservo en paño de Bruselas la frase mágica que nos repetía a la menor oportunidad, la prueba irrefutable de que había vivido en el edén. “Era una tierra que daba tres cosechas al año”. Eso sólo puede suceder en el paraíso. Recuerdo también que me decía de “usted” a pesar de sufrir yo un analfabetismo en tratamiento jesuítico. Y la seriedad con que nos juraba que la mejor fabada del mundo se comía en La Zaragozana, inmortal restorán de la Habana Vieja en el que entonces reinaba una cocinera de Ribadesella. Le creí ayer y sigo haciéndolo hoy.

En aquel primer viaje -¡cómo olvidarlo!- me paseó por Prado en un Ford del 31 que le había costado 2.000 pesos y dormí en el Libertad, calle Aguilera, el hotel de sus visitas a Santiago para vender las sopas Cuba-Cataluña. Porque así le hechizó la Isla: rodando por la Carretera Central con un muestrario de viajante bajo el brazo. Solo. Tenaz como el orbayu. Feliz de ver el sol cada día y de olvidar para siempre las nieves de su Tineo natal, allá en Asturias.

Con él conocí el helado de sapote que hacían los chinos y también el Bar Delirio, timbiriche de La Víbora en el que apuraba sus dedalitos con anís al grito de “Mesero, café con felicidad”. Ahí es nada, ponían la felicidad en los bares. De su mano aprendí que el tocororo era el pájaro nacional, que la ropavieja se comía y que el Caribe y el Cantábrico eran dos mares del mismo océano. Algo más tarde descubrí que los habaneros (¡oh prodigio!) no se morían, se ñampeaban. O, más divertido aún, cantaban el manisero. “Caserita no te acuestes a dormir / sin comerte un cucurucho de maní / Manisero se va”. Se va. Se va.

En Cuba, si eras pacífico, vivías cien años. Si trabajabas duro, salías adelante. Si eras lindo gozabas con la tumbadera. Porque, eso sí, las cubanas eran las mujeres más bellas que ojos humanos vieron. Daba igual que fuesen blancas, negras o amarillas. Eran unas hembras del diablo que bailaban como brujas. “Donde esté una cubana que se quiten diez españolas”, juró un 20 de mayo mientras mi abuela ponía cara de nuez, tan seria y católica ella.

Ese viaje del que te hablo, querido Caín, fue muy cómodo. Lo hice sentado en sus rodillas sin moverme del sofá de su casa y se repitió regularmente hasta que mi abuelo murió. Para entonces el mayoral de Birán llevaba un cuarto de siglo señoreando la hacienda con látigo de fuego. De fuego y de plomo versión calibre 30,06 de punta hueca. Pero la semilla ya estaba plantada y sólo era cuestión de encontrar un jardinero paciente que la cuidase. Por eso empecé a buscar otros magos que me revelasen la lista de milagros pendientes de esa isla mágica que en realidad son mil islas.

Así conocí a Eliseo Diego, que me presentó a Wilfredo Lam, que me presentó a Lezama Lima, que a su vez me presentó a Pepín Rivero una tarde de abril en el Diario de la Marina. Fue Pepín el que se empeñó en que leyera a Mañach y con él me aficioné a Portell Vilá y sus historias. Portell me llevó a un mundo nuevo en el que vivían Bacardí, Santovenia y Ortíz. Disfruté mucho con los intelectuales –lo confieso sin pena–, pero con ellos la cubanía estaba un poco disecada. Bella, pero fría. Y eso no puede ser en una tierra que se desparrama con el calor, una isla en la que las hormonas explotan sin previo aviso, un territorio de aguaceros indómitos. ¡Qué país, carajo!

Por eso comencé a oír viejos discos de María Teresa Vera, una dama de otros tiempos. Aparecieron sus canciones en el fondo de un arcón, mezclados con fotografías en la playa de Boca Ciega y algún número amarillo de Carteles. El semanario nacional. Otras diosas llegaron más tarde, pero me quedo con la única posible: Rita Montaner (y, si me dejas, con Lupe Yolí, huracán ya olvidado).

Sin embargo el eco de aquellas tardes cubanas recuperó su esplendor con tu vista del amanecer en el trópico. Me la descubrió una santiaguera firme y culta. Otra enamorada de su patria que vivió medio siglo dentro y lleva medio siglo fuera. Sólo físicamente, eso te lo concedo. Su alma sigue paseando lúcida cada mañana por Vista Alegre y recorriendo ese mundo del brazo de su Danielito, que ahora descansa entre las palmas de un camposanto más bello que el de Santa Ifigenia. “Si quiere conocer de verdad lo que era Cuba”, me disparó a quemarropa, “tiene que leer a Cabrera Infante”. Y ahí mismitico me mató.

El veneno vino (que no vino venenoso) con los tres tristes tigres, galería de voces en habanero que yo oía –¿o quizá leía?– de noche y con las que luego soñaba previo permiso de mi esposa, cubana por vía materna (la maldición, como ves, seguía su curso y yo me dejaba arrastrar con gozo). Tus tristes y atigrados vividores, Guillermo, son una provocación constante, un pase al patio de butacas de la imaginación, de la risa, de la ternura, pero también a un subterráneo y furtivo pudor para nombrar lo innombrable, que es la derrota.

En mis sueños yo era Silvestre en los bajos fondos de La Habana; Arsenio Cué manejando por el Malecón en un viaje sentimental a ninguna parte; Códac el fotógrafo, siempre en la lucha por no olvidarse su cámara. A veces, fíjate bien, tuve la suerte de convertirme en La Estrella, monstruoso bolero a capella en cualquier timbeque regado de ron. He de reconocer que la negra era el papel que más me gustaba, desmesurada y excesiva como sólo ella sabe serlo. ¿Debo psicoanalizarme? Creo que no. Al fin y al cabo sólo soy un lector vulgar, el ingenuo Common Reader que se permite el lujo de no entender diálogos enteros y, sin embargo, comprenderlos hasta la última palabra. Es una ventaja que les llevo a críticos y profesores universitarios, insuperable tribu capaz de ver la Luna y acordarse de Baudelaire en vez de disfrutar de la Luna. Simplemente la Luna. Allá ellos.

De ahí p’alante todo fue un cuestabajo. Salté a Mea Cuba y visité al infante difunto en el cementerio de Colón. Entonces me convencí de que eras un genio, una especie en extinción, un fugitivo del lenguaje perseguido por intelectuales a sueldo, lacayos del comandante que eran lacayos de Stalin que son otra-vez-y-la-misma-vez lacayos del comandante. ¡Qué importa!

Algún día las enciclopedias recogerán una voz que diga: “Castro, Fidel. Dictador cubano contemporáneo de Guillermo Cabrera Infante”. A él le dolerá más lo de contemporáneo tuyo que lo de dictador. ¿O no? Así se escribe la Historia cainita: poniendo a cada uno –como Cervantes al elegirte discípulo– en su sitio. El tuyo que sea en Zulueta 405 con Carlos Franqui de inquilino y la materna/maternal disyuntiva: “¿Cine o sardina?”. Cine. Siempre cine. Más cine por favor.

Para siempre conservo tu enseñanza suprema, admirado-imitado-llorado Guillermo Cabrera Infante, aquella que asegura que ser cubano es llevar a Cuba con uno a todas partes. Ser cubano es tener siempre a Cuba en la memoria. Como una música apenas audible, pero persistente. Como una rara visión que sólo el corazón descubre. Porque Cuba es un paraíso del que nos expulsaron pero al que siempre estamos intentando volver. Por eso soy cubano.

Porque me da la gana. Carajo.