martes, 5 de agosto de 2008

Driving Miss Ada


“Ha sido una buena carrera. Sin contratiempos”. Con estas palabras terminó el viaje de Miss Ada Beal y su taxista ocasional, Charlie Heard. Atrás habían quedado el desierto australiano y una epopeya digna de otros tiempos. En concreto, digna de 1930, que fue cuando ocurrió.

El comienzo de la historia no puede ser más sencillo. Charlie Heard, taxista de Geelong (Australia), vio acercarse a su coche a una mujer joven y bien vestida. “¿Le interesa una carrera larga?”, preguntó ella. “Eso siempre, señora”, respondió el conductor. “De acuerdo”, dijo Ada. “Quiero ir a Darwin y volver”. “¿Darwin?”, chilló el taxista. “¡Eso está a 12.000 kilómetros!”. “Le dije que sería una carrera larga”.

Charlie tenía cuatro hijos, así que fue prudente y respondió “Tengo que consultarlo con mi esposa”. Tres meses más tarde, el Hudson descapotable de 1928 y seis cilindros –que, con todo el equipaje y pertrechos, pesó 4 toneladas- estaba de vuelta en su pueblo.

Lo ocupaban las tres mujeres que se aventuraron a cruzar Australia por el desierto: Ada Beal, una rica heredera con una pata de palo; su amiga Miss Wilmont y la infalible señorita Glenny, enfermera y ama de llaves de los Beal. Al volante iba el serio y concienzudo Charlie, veterano de la I Guerra Mundial y conductor experto.

En aquellos tiempos las carreteras del interior australiano eran de tierra y apenas había mapas que seguir. De modo que el taxista tomó las coordenadas de su destino y se guió con una brújula. A lo largo del camino atravesaron dunas, vadearon ríos llenos de cocodrilos y comieron algunos gansos que Charlie cazó y Glenny cocinó.

Durante todo el viaje el bueno del taxista vistió chaqueta y corbata y Miss Ada llevó puesta una pamela y sus guantes. Las formas son las formas y tampoco era cuestión de intimar en exceso, así que nunca se tutearon.

El mayor problema, la gasolina, fue solucionado gracias al telégrafo, ya que Charlie solicitaba combustible por adelantado cada vez que pernoctaban en una granja o pueblo, lo que no era común. Lo más habitual era dormir en una tienda de campaña y mantener el fuego encendido para ahuyentar a las fieras. A lo largo de esos 12.000 kilómetros el taxi se bebió 2.000 litros de gasolina y un galón de aceite, pero los cuatro neumáticos originales no hubo que tocarlos porque no pincharon ni una sola vez.

La carrera ha sido buena y sin contratiempos”. Tan buena que Charlie Heard solucionó su vida, ya que cobró 300 libras de la época por un servicio pagado según la tarifa oficial. Con ese dinero se compró una gasolinera en Victoria y mantuvo a su familia sin estrecheces, algo difícil de lograr en plena Depresión.

Tres cuartos de siglo más tarde se ha conocido esta historia gracias a la casualidad y a Steve Heard, uno de los nietos de Charlie, que en plena mudanza descubrió un álbum de fotos en el que reconoció a su abuelo. La historia era ignorada por la familia porque Charlie era un tipo silencioso que no se daba importancia y hasta cuentan que, cuando en una ocasión le preguntaron por la aventura del taxi, simplemente dijo “Hice mi trabajo. Nada más”.

Los motivos del viaje se supieron al encontrarse también el diario de Ada Beal. En sus hojas dejó escrito. “Huyo del invierno en Victoria. De paso, demostraré que las mujeres podemos cruzar el país igual que cualquier hombre".

Driving Miss Ada. Misión cumplida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

BELLA HISTORIA, Nacho ... esto demuestra que podemos lograr nuestros suen^os si los planeamos bien y, por supuesto, si hay pesetas!
La foto del Hudson me recuerda a mi padre, Rosendo Capella' Oriol, quien disfruto desde muy joven los automoviles... (uno de sus carros fue un Hudson) y asi a traves de los an^os logro su suen^o de tener Garage Capella y Autos Capella en Santiago de Cuba. Sin duda un Catalan inteligente que hizo fortuna como tantos otros en Santiago.
Lo he disfrutado a plenitud... tomandome un cafecito cubano a tu salud y tu futuro.
Carinos, muchos!

Madre y Abuela Santiaguera
Desde Westchester, Dade County FL

Luiso Barrena dijo...

Nacho,

Eso demuestra que no hay barreras para nada.

"Na sabían que era imposible y por eso lo hicieron"

Luiso