
El objetivo es evitar el uso del burqa (túnica afghana que cubre completamente el cuerpo) en la vía pública francesa. Oh la la lá. La medida se justifica en razones de orden público, ya que la mayoritaria UMP (derecha, partido gobernante) está decidida a evitar que las musulmanas anden por ahí embozadas, que era como se decía antes.
Antes, por ejemplo, en Madrid, siglo XVIII, momento en el que otro ilustrado tipo Sarkozy, pero italiano, quiso prohibir la capa española y el sombrero chambergo (Mª Dolores Pradera lo llamaría "de ala ancha") por su deseo de regular la vestimenta en las calles. El ideólogo pasó a la Historia al dar nombre a un motín, el de Esquilache, que casi tumba al entonces rey Carlos III .

La prohibición del primero en los liceos es excesiva y ataca a la libertad religiosa, pero el burqa sobrepasa todos los límites del orden público y tortura a la mujer que lo lleva. Su peso es notable y la rejilla por la que pueden ver recorta la visión lateral y afecta, dicen las que lo han llevado, al equilibrio.
Lo que a principios del siglo XX fue impuesto sólo a sus concubinas por el rey de Afghanistán para evitar que su (supuesta) belleza tentara a otros hombres, es ahora una prenda vergonzosa. La vestimenta que distinguía a la clase alta afghana (que de este modo se "aislaba" del pueblo llano, evitando así su mirada) y que se generalizó en los años 50 como signo de estatus social, es hoy una ofensa a las libertades individuales. En Kabul, en París o en Rodrigatos de la Obispalía (provincia de León).
No más burqa.
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