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jueves, 6 de octubre de 2011

Una tarde con Sócrates. Una tarde con Jobs.

Ha fallecido Steve Jobs, emprendedor, inventor y uno de los fundadores de Apple. Si fuera por los políticos y los medios de comunicación hoy mismo lo canonizarían. (¿Santo subito? ¿Santo Job(s)?). Al menos, lo embalsamarían al estilo Lenin y levantarían un mausoleo en Cupertino (CA, EEUU).

Más allá de sus méritos profesionales -que tampoco conozco en detalle- una sola frase de Jobs me cautivó: "I would trade all of my technology for an afternoon with Socrates"(Cambiaría todos mis inventos por pasar una tarde con Sócrates). Esa reflexión fue suficiente para interesarme por él. La publicó Newsweek en 2001.

Por eso publico aquí el Discurso de Graduación que Jobs impartió en Stanford University  el 12 de junio de 2005. Un ejemplo de oratoria, por su sencillez, por su estilo y por su carga emocional. Al final, como decía Pascal, cuanto más talento tiene un hombre, más se inclina a creer en el talento ajeno.

"Me siento honrado de estar con vosotros hoy en esta ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me licencié. La verdad, esto es lo más cerca que he estado de una graduación universitaria.

Hoy deseo contaros tres historias de mi vida. No es gran cosa. Sólo tres historias. La primera trata de conectar puntos. Me retiré del Reed College a los seis meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses más antes de abandonar los estudios. ¿Por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven estudiante de universidad, soltera, que decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña. De ese modo, mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: "Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?". Ellos contestaron: "Por supuesto".

Cuando mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado en la universidad y que mi padre tampoco tenía el graduado escolar se negó a firmar los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres le prometieron que algún día iría. A los 17 años fui a la universidad. Ingenuamente elegí una casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres, de clase obrera, se fueron en la matrícula. Seis meses después yo no había sido capaz de apreciar el valor de su esfuerzo. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco sabia si la universidad me ayudaría a deducirlo. Y ahí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Decidi retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien. En ese momento fue aterrador, pero mirando hacia atrás es una de las mejores decisiones que he tomado. Prescindí de las clases obligatorias, que no me interesaban, y comencé a asistir irregularmente a las que sí consideraba interesantes.

No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el suelo de las habitaciones de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos de noche, para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. 

Me encantaba. La mayoría de cosas con las que tropecé, siguiendo mi curiosidad e intuición, resultaron ser posteriormente inestimables. Por ejemplo, en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus. Como había abandonado el curso y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar una clase de caligrafía para aprender. Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación en el espacio entre las distintas combinaciones de letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Era artísticamente hermoso, histórico, de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante.

A priori, nada de esto tenía una aplicación práctica en mi vida. Diez años después, cuando estaba diseñando el primer ordenador Macintosh, todo tuvo sentido para mí. Y todo lo diseñamos en el Mac. Fue el primer ordenador con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, el Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes proporcionalmente espaciadas. Y como Windows no hizo más que copiar a Mac, es probable que ningún PC la tuviese. Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales carecerían de la maravillosa tipografía que llevan. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después.

Reitero, no podéis conectar los puntos mirando hacia el futuro; solo podéis conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tenéis que confiar en que los puntos, de alguna manera, se conectarán en vuestro futuro. Tenéis que confiar en algo, lo que sea. Nunca he abandonado esta perspectiva y es la que ha marcado la diferencia en mi vida.

El primer Apple
Wozniak y Jobs
La segunda historia es sobre amor y pérdida. Fui afortunado, porque descubrí pronto lo que quería hacer con mi vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garaje, transformándose en una compañía de 2.000 millones de dólares con más de 4.000 empleados. Hacía poco que habíamos presentado nuestra más grandiosa creación -el Macintosh-, apenas un año antes, y yo acababa de cumplir los 30.

Luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que fundaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que tenía talento para dirigir la compañía conmigo. Los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un encontronazo. Cuando ocurrió, la Dirección lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años estaba afuera. Y muy publicitadamente fuera. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta. Fue devastador. Durante unos cuantos meses no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios, que había dejado caer el testigo cuando me lo estaban pasando. 

Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado todo a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme de Silicon Valley [California]. No obstante, poco a poco comencé a entender algo. Todavía amaba lo que hacía. El contrario de lo ocurrido con Apple, en eso no había cambiado ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y decidí empezar de nuevo.

Entonces no lo entendí, pero ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de tener exito fue reemplazada por la iluminación de ser un principiante otra vez. Me liberó y entré en una de las etapas más creativas de mi vida. 

Durante los siguientes cinco años, fundé una compañia llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por ordenador, Toy Story, y ahora es el estudio de animación de más éxito a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple.

Con Laurene tengo una maravillosa familia. Estoy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No perdáis la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tenéis que encontrar lo que amáis. Y eso es tan válido para el trabajo como para el amor. 

El trabajo llenará gran parte de vuestras vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creéis que es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os detengáis. Al igual que con los asuntos del corazón, sabréis cuando lo habéis encontrado. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que seguid buscando. Y no os paréis.

La tercera historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años leí una cita que decía algo parecido a "Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto". Me impresionó y en los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: "Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer?" Y cada vez que la respuesta ha sido "no" varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Saber que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escáner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. ¡Ni sabía lo que era el páncreas! Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los seis meses. El médico me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para morir. Significa que, en pocos meses, debes intentar decir a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los siguientes 10 años. Significa asegurarte que todo esté amarrado para que sea los más sencillo posible para tu familia. Significa despedirte.

Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego por la tarde me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja el páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien. Es lo más cerca que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más.

Al haber vivido esta experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era puramente un concepto intelectual: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida. Es su agente de cambio. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, vosotros sois lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, seréis los viejos. Y seréis eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es cierto.  

Vuestro tiempo tiene límite, así que no lo perdáis viviendo la vida de otra persona. No os dejéis atrapar por dogmas, no viváis con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward Brand no muy lejos de aquí, en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a finales de los 60, antes de los ordenadores personales y de la edición mediante microcomputadoras. Se editaba usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras Polaroid. Era como Google en tapas de cartulina, 35 años antes de que apareciera Google. Era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos. Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The Whole Earth Catalog y luego, cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de la última edición, había una fotografía de una carretera en medio del campo a primera hora de la mañana, similar a una en la que estaríais haciendo dedo si fuérais así de aventureros. 

El pie de foto decía: "Seguid hambrientos. Seguid alocados". Fue su mensaje de despedida. Siempre lo he deseado para mí. Y ahora, cuando estáis a punto de graduaros para empezar de nuevo, es lo que os deseo. Seguid hambrientos. Seguid alocados".

 

miércoles, 20 de julio de 2011

Cassidy-Blackthorn encuentra su destino

Para los amantes de la épica las leyendas del oeste americano siempre son un referente vital. Suelen protagonizarlas tipos duros y solitarios. Vaqueros de almas torturadas, con un pasado oscuro y violento.

Sus nombres son universales (Billy el Niño, Jesse James, Butch Cassidy o Sundance Kid) gracias al cine y la TV. También a la maestría de directores como Ford, Hawks, Leone o Clint Eastwood, director de la imprescindible Sin Perdón/Unforgiven.

Los que crecimos en la década de 1980 recordamos con nostalgia al viejo trampero Zebulón "Zeb" Macahan, de La conquista del oeste, el dramón de Centennial  o el inefable sheriff McCloud por las calles de NYC, un western moderno.

Por eso hay una generación (o dos) de españoles que no deberían perderse la excelente película Blackthorn. Sin destino que acaba de estrenarse. Dirigida por Mateo Gil, es una singular continuación del clásico de los 70 protagonizado por Robert Redford y Paul Newman Dos hombres y un destino.  

Si aquella aventura sobre Butch Cassidy y Sundance Kid terminaba con un plano congelado de los vaqueros a punto de morir en Bolivia, esta nueva película sobre los míticos ladrones profundiza en la vieja teoría de que sólo uno de ellos falleció. El otro, protagonizado por un Sam Shepard extraordinario, habría vivido dos décadas en el altiplano con una falsa identidad. Como secundario de lujo tiene a un Eduardo Noriega brillante (quizá en su mejor papel de los últimos tiempos), que interpreta a un ingeniero español en las minas bolivianas. Ambos personajes son creíbles y su huída actualiza el viejo romanticismo de los perdedores.

La historia es sencilla y poderosa, arropada por unos escenarios increíbles (desierto, altiplano) en los que brilla su director de fotografía, Juan Ruíz Anchía. En el guión de Miguel Barros hay sitio para casi todo: la mentira, el engaño, el humor, la bondad humana o la venganza. Pero lo más importante, una moral basada en la lealtad y la justicia humana

100 minutos del cine de antes. Cine del bueno. Una película para disfrutar.


viernes, 11 de marzo de 2011

El Pilar de Goya

Este cuadro de Goya titulado El apóstol Santiago y sus discípulos adorando a la Virgen del Pilar, me ha recordado a una vieja historia.

Confieso que no conocía el lienzo, aunque el sordo de Burdeos es uno de mis pintores de cabecera. Más por los Caprichos y los Disparates que por los Desastres, tan brutales. Pero esta reunión de Goya y Santiago el Mayor en el Pilar es otra cosa. Diferente, luminoso. Muy italiano. 
  
                              *        *       *

Caridad y Ramón esperaban su tercer hijo, al que iban a llamar Santiago. Las cosas iban bien hasta que empezaron a ir mal. Tan mal que perdieron el niño. Era octubre y en esos días el padre estaba de camino. De Camino a Santiago con un grupo de alumnos y algún amigo. 


La mala noticia le pilló en plena subida a la Cruz de Fierro, cerca de Foncebadón. Era 12 octubre, eso no lo ha olvidado, fiesta de la Virgen del Pilar. Quizá como la imaginó Goya. Probablemente no. Importa poco.

A su lado caminaba un buen amigo, que curiosamente iba a ser el padrino del pequeño Santiago. "Cari ha abortado", le dijo con los ojos. El silencio era atronador. Ochoa, el compadre que ya no iba a serlo, le puso el brazo por encima del hombro. Cristiano viejo y peregrino, que viene a ser lo mismo, le susurró unas palabras de consuelo sin dejar de mirar al frente, sin dejar de caminar: "Se le ha aparecido la Pilarica. Igual que al Apóstol". 

Benditos los mansos porque ellos heredarán la tierra.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Propósitos cenicientos

Con humilde determinación me uno 
a los propósitos cenicientos (algunos)
de ese gran poeta llamado 
Enrique García-Máiquez  
y que publica hoy Diario de Sevilla

Soy un especialista en buenos propósitos. Por tanto, el Miércoles de Ceniza es uno de los días estrella de mi calendario. Lo veo venir de lejos -lo anuncian los pitos del Carnaval-, y doy un hondo suspiro de alivio. Lleva uno meses y meses cuesta abajo, vertiginosamente, y más abajo, abandonándose, hasta que llega la Cuaresma para que, por fin, uno toque fondo y muerda bien el polvo (eres) y dé, de golpe, con su cabeza en la ceniza. Menos mal.

Inauguramos un período de penitencias y mortificaciones que falta nos hace, o me hace, no quisiera generalizar. Los cuarenta días de ayuno me los pide el cuerpo -no hay más que verlo- a gritos. Ojalá el tiempo litúrgico me metiese en cintura. Además de los grandes beneficios morales del ayuno, contrastados por milenios de experiencia vetero y neotestamentaria, están los dietéticos. Y, de postre, los gastronómicos: la mejor salsa del mundo, um, es el hambre. En mi biblioteca y en mi agenda un poco de esforzado orden tampoco me vendría mal: a ver si me disciplino. Dejaré también de mirar incesantemente el contador de visitas de mi blog. Ganaré bastante tiempo y algo de humildad y, de paso, mi vanidad no sufrirá como hasta ahora, que nunca me visitan, nunca, lo que yo deseo. Volveré a escuchar, he decidido en un rapto de heroísmo, las declaraciones del Gobierno. Últimamente sólo escribo artículos literarios y costumbristas, aburrido como me tienen nuestros líderes. Aprovecharemos la Cuaresma, ustedes y yo, para echarles un poco de cuenta y ganar en reciedumbre y santa paciencia. También haré algo de deporte (esto es un propósito, eh, no una promesa). Sonreiré más al prójimo. Seré más puntual, si llego. Más servicial. Más de todo. Etcétera.
Si alguno de esos atentos ateos o agnósticos seguros de sí mismos o laicos del montón que -misterios de la Providencia- me leen ha llegado hasta este párrafo (Dios se lo pague), me dará un buen golpe de pecho, exclamando con su acostumbrada indignación: "¡Pero, hombre, esos propósitos nos los hacemos todos sin tantas liturgias!, y además vamos al gimnasio". Yo me alegro por ellos. No les niego que sacrificarse sea algo común y, sobre todo, irremediable. Algunos comodones, sin embargo, necesitamos un empujón sobrenatural para hacer lo más natural del mundo, y la Iglesia se adapta a nuestra condición como un guante. O a los ciclos de la naturaleza, esto es, al hermoso resurgir inesperado de cada primavera. O a los ritos precristianos. Lo que ustedes decidan me parece bien. O regular, pero no diré ni pío. Otro de mis firmes propósitos es no discutir en estos cuarenta días con sus cuarenta noches.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Miguel Hernández no descansa

El poeta Miguel Hernández vuelve a los medios estos días por una cuestión judicial: la reclamación de su familia para poder recurrir la sentencia de muerte de 1940 contra Hernández, que fue conmutada por 30 años de cárcel. El poeta murió en la cárcel dos años más tarde. Hoy el Tribunal Supremo ha rechazado la petición al considerar que ya quedó anulada con la Ley de Memoria Histórica, que declaró este tipo de condenas opuestas a Derecho.

La vida de Miguel Hernández es conmovedora. Nacido en Orihuela (Alicante) en 1910 en una familia católica. Su padre era tratante de cabras y tenía una buena posición económica, así que Miguel fue escolarizado desde los 5 años. Siempre en colegios católicos, incluido el jesuita de Santo Domingo, donde llegaron a ofrecerle una beca de estudios, que su padre rechazó. Miguel amaba el campo y fue pastor, más por el deseo de liberarse de su severo padre que por necesidad económica.

La izquierda cultural cuenta esta historia de otro modo e inventa una romántica y falsa biografía del niño pastor explotado y autodidacto. Sin embargo, su descubridor fue el canónigo Luis Almarcha, que le prestaba libros de Verlaine, Juan de la Cruz o Miró. Al tiempo, el joven Miguel pasó a formar parte de un grupo poético en el que hizo una gran amistad con el abogado derechista y católico José Marín, más conocido en el mundo literario como Ramón Sijé, que durante años le ayudó económicamente. Sin embargo, fue el cura Almarcha el que pagó las 425 pesetas que costó la impresión en 1933 de los primeros 300 ejemplares de Perito en lunas, uno de los libros más hermosos de Hernández

En el frente durante una arenga
De Orihuela se trasládó a Madrid, donde contactó con otros poetas y escritores, entre ellos los comunistas Pablo Neruda (que reconoció su talento de inmediato, pero que se reía de él por su tosquedad y timidez) y Rafael Alberti, en este caso porque Hernández cautivó, es un decir, a la pintora Maruja Mallo mientras ésta era pareja, inestable eso sí, de Alberti. El marinero en tierra nunca perdonó a su compañero de oficio los cuernos que le regaló y sin excesiva imaginación comenzó a llamarle "el pastor panocho", aunque no era murciano sino alicantino.

De esa época procede también su amistad con José María de Cossío, ferviente derechista y gran difusor de la obra de Hernández. También le contrató como redactor de su magna obra Los Toros. Gracias a ese trabajo (por el que no iba mucho), Miguel Hernández pudo dedicarse a escribir y frecuentar los ambientes bohemios del Madrid republicano, en los que siempre fue un extraño. Él estaba más cómodo en el monte, con las cabras y el viento, pero no quería volver a Orihuela porque su padre, que no entendía sus "debilidades políticas", le consideraba acomplejado e influenciable.

Hernández vivía casi siempre en la miseria y tuvo que afrontar el fusilamiento de su suegro, el guardia civil Manuel Manresa, otro católico integral, por milicianos republicanos. Sin embargo, Miguel era un hombre de ideales y abrazó el comunismo. Lo hizo acríticamente, de manera superficial y sin mucho sentido teórico, empujado como muchos otros por las injusticias sociales y el tradicionalismo de una gran parte de la Iglesia católica perseguida ya con saña por anarquistas, socialistas y comunistas.

En 1939 fue detenido y encarcelado, pero un cardenal medió por él a instancias de Neruda y le liberaron. Sin embargo, su inexplicable resentimiento anticlerical le alejó definitivamente de sus amigos católicos, aunque no de Dios. Poco tiempo después fue detenido de nuevo y condenado a muerte, pero Cossío y Almarcha (más tarde obispo de León) lideraron un grupo de presión ante el mismo Franco y le conmutaron la pena. Murió de tuberculosis en la enfermería de la prisión de Alicante en 1942.

Las biografías recientes, sobre todo actualizadas en 2010 con ocasión del centenario de su nacimiento, oscurecen a sabiendas la ayuda humana y espiritual que Hernández recibió de los católicos durante toda su vida. 

De hecho, menos de un mes antes de morir se casó por la Iglesia en la cárcel. Los historiadores de izquierdas lo atribuyen a un indemostrable deseo del poeta de satisfacer a su mujer, Josefina Manresa, su Beatriz particular, con la que tuvo dos hijos.

Precisamente son los descendientes de uno de ellos los que se empeñan en remover la tierra en la que descansa (o eso intenta) su ilustre antepasado, Miguel Hernández, convertido ya en otro ejemplo de manipulación histórica... y empecinamiento familiar.

martes, 7 de diciembre de 2010

Teaming

Jil van Eyle es un holandés con cara de Quijote. Es decir, soñador. 

Hace unos días tuve la suerte de almorzar con él gracias al Club de Emprendedores de la Fundación Empresa-Universidad de Navarra.

Jil es un tipo hiperactivo, sonriente y flaco. También en eso se parece a Alonso Quijano. Su vida ha sido dura, conoció el éxito y el fracaso, ganó millones de euros antes de los 30 y tuvo una hija, que nació muy enferma. Eso le cambió para siempre.


Vive en España y ha trabajado en muchos lugares. Entre otros, el FC Barcelona en tiempos de Frank Rijkaard. Ahora dedica mucho tiempo a extender una idea, el Teaming, con la que no gana nada. Bueno, sí, el respeto de los demás. Y la admiración. 

¿Quieres ayudarle?





miércoles, 24 de noviembre de 2010

O God! O Brother!

Pocos momentos tan inolvidables nos ha deparado el cine americano como esta interpretación de Clooney, Nelson y Turturro en una de las grandes películas del siglo XX, O Brother!, de John (director) e Ethan (guionista)  Coen. 

Man of Constant Sorrow resume todo el vitalismo, el humor y la originalidad de una historia fantástica -en todos los sentidos- inspirada, con muchas licencias, en La Odisea de Homero, pero traspuesta al Mississippi de la década de 1930.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Hace 30 años

 Dedicado a Diego Redondo (4), 
Quique Castro (11) y David Valdés (10).
A Quini Villazón, Manolín Vitamines y al Cura, 
entrenadores tan cabrones que era imposible 
no aprender de ellos

Juanito Corbalán y Tkachenko
Breogán, Areslux, Cotonificio, OAR, Estudiantes, La Peña, Iveco Gijón Baloncesto, Caja de Ronda, CAI Zaragoza, Obradoiro o Inmaculada-IKE (por este orden).

Quino Salvo, Beirán, los Sagi-Vela, Alfonso Oleart, Flores, Corbalán, los Margall, los San Epifanio, los Arcega (esta siempre ha sido un deporte de sagas familiares), Pepe Collins, Arturo Seara, Rafa Rullán, Creus y Costa, Carmelo Cabrera, JL Escandón, Charly López Rodríguez y Chicho Sibilio, Brabender y Lagarto De la Cruz. Del Corral y Nacho Solozábal. Indio Díaz, José Luis Llorente y López Iturriaga. Villacampa. Y Fernando Martín.

Nate Davis, Essie Hollis, Audie Norris, Oso Pinone, Dave Russell, Kevin Magee, Joe Galvin, Slab Jones, Randy Meister, Otis Howard, Larry Moffet, Marcellus Starks, Jeff Ruland, Lavodrama, Trumbo y Housey.

Dino Meneghin, Mirza Delibasic, Mishkin y Belov. Marzorati y Bonamico. Moka Slavnic. Sharunas Marciulonis y el macarra de Tikhonenko. Iovaisha y Homicius. Earl Williams, Nikos Gallis y Miki Berkowitz.

Lolo Sáinz, Aito Gª Reneses, Díaz Miguel, Pepe Laso,  Ángel Pachi Cuesta SJ, Moncho Monsalve, Iñaki Iriarte y Manel Comas. Lou Carnesecca. Bobby Knight y Bill McCammon. Aleksandr Gomelski y Sandro Gamba.

Olimpia Milán, CSKA de Moscú y Barça. Pallacanestro Cantú, Maccabi de Tel-Aviv, Ignis Varese, Cibona de Zagreb, Zalguiris Kaunas, Real Madrid y Virtus de Bolonia.

Héctor Quiroga, José Félix Pons, Pedro Barthe, Dionisio Viña, Franco Pinotti y Nuevo Basket.

De recuerdo, un video del periodista de Canal+ Antonio Rodríguez para la FEB  donde se puede ver a muchos de ellos. Han pasado tres décadas. Tempus fugit.

jueves, 10 de junio de 2010

Pajarraco del individualismo

Dedicado a Isaías Calvo Sr., que lo entenderá

Por lo visto existe un sabio en San Petersburgo que se dedica a las matemáticas. Gregori se llama y Perelman se apellida. Este genio resolvió hace un tiempo una conjetura que nadie había sido capaz de descifrar en un siglo (ignoro si las conjeturas se "descifran", pero pongamos que sí).

El tal Perelman es un tipo especial. No porque siga viviendo con su madre pese a tener 44 años, ya que muchos españoles podrían decir que a ellos les pasa lo mismo. Tampoco porque esté en paro (y reitero el argumento anterior). El interés por Perelman nace de sus actuaciones, que son incomprensibles para el mundo actual.

Concreto: en 2006 le dieron el Premio Fields, que es conocido como "el nobel de Matemáticas", un reconocimiento por el que mataría el 99,9% de los matemáticos del mundo. Bien. Perelman lo rechazó con este razonamiento: "El premio es completamente irrelevante para mí. Todo el mundo entiende que, si la demostración es correcta, entonces no se necesita ningún otro reconocimiento". Más tarde el Congreso Internacional de Matemáticos le distinguió en Madrid como el mejor matemático del mundo y quiso darle un premio, pero el inefable Perelman dijo que el comité del premio no estaba calificado para evaluar su trabajo, incluso positivamente.

Pese a su famosa aversión a los premios y la prensa (y en esto demuestra su inteligencia superior), el mundillo científico se empeña en molestarle. La última vez hace unos días, cuando se anunció en París que Perelman era el elegido para el Premio del Milenio, que ¡atención! está dotado con un millón de euros.

Con más valor que el Guerra y José Tomás juntos, Perelman ha dicho que no quiere ni el premio ni el dinero, algo que ha vuelto locos a los periodistas. De hecho, uno de ellos intentó hablar con él en Rusia, pero el sabio se negó. El reportero hizo entonces guardia delante del apartamento de Perelman hasta que salió. Con disimulo le siguió y, ya en las afueras de San Petersburgo, mientras paseaba por el campo, el plumilla se dirigió a él. La respuesta de Perelman fue legendaria: "Usted me esta distrayendo ¿Acaso no ve que estoy buscando setas?"

Perelman, pajarraco del individualismo, mito del siglo XX (y del XXI).

miércoles, 3 de marzo de 2010

Una elegante chatarra

Dedicado a José Luis de Cea-Naharro, marino y marine.

La reina María de Inglaterra tuvo un hermano normando que era tan grande como ella. Los franceses estaban muy orgullosos de él, así que lo llamaron Normandie: el barco más elegante del mundo. Tan parecido al “Queen Mary” como dos copos de nieve de los que han sepultado Washington, DC hace unos días.

El gigantesco “Normandie” nació en 1932. Lo había pagado la Compañía General Trasatlántica, que lo convirtió en su buque más lujoso. Su tamaño era el doble del famoso “Titanic”, así que lo franceses tenían –por una vez– motivos para sacar a pasear su grandeur. Lo hacían sobre todo en Estados Unidos, destino habitual del “Normandie” y sus tres mil pasajeros De El Havre a Nueva York en menos de cuatro días, travesía de la que gozaron Hemingway, Walt Disney y Marlene Dietrich (cada uno en su camarote).



El inicio de la II Guerra Mundial sorprendió al buque en los muelles de Manhattan y ya nunca más volvió a la vieja Europa, que entonces observaba con indiferencia cómo Hitler invadía Polonia con Wagner de banda sonora. Las medidas cautelares de EEUU obligaron al “Normandie” a quedarse amarrado en aguas americanas en un dolce far niente que le corroyó el alma.
En 1941 los yanquis se cansaron de ver al trasatlántico ocupar el puerto neoyorquino, así que decidieron entregar el barco a la Armada. Como es lógico, el lujo francés del “Normandie” no tenía sentido para los americanos, así que decidieron convertirlo en un buque de guerra para el transporte de tropas. El más grande del mundo.

Poco a poco comenzaron las operaciones para desmontar el vidrio, el bronce y las maderas preciosas que tanto dinero habían costado. El Art Déco se mudó en vulgares literas para 15.000 soldados. La cocina francesa en rancho americano. El cristal de Lalique en vidrio de Pennsylvania Por último, le cambiaron el nombre y el “Normadie” pasó a llamarse USS Lafayette, en honor de un general francés que combatió junto a las colonias durante su guerra de independencia contra Inglaterra.

Los trabajos de transformación del nuevo “Lafayette” fueron largos y costosos. Para colmo, terminaron mal cuando un soldador incendió fortuitamente una pila de colchones. El fuego paseó a su gusto por las cubiertas y los salones. Todos los bomberos de Nueva York llegaron al puerto para apagar el incendio, pero pusieron tanto afán en su trabajo que el agua de las mangueras inundó la bodega. La escena era ridícula: el barco ardía por la parte de arriba y se hundía por la de abajo. Tras varios días de lucha, el flamante “Lafayette” se escoró sobre babor en el muelle 88. ¿Fin de la historia? No. Jamás. Never. Jamais.

Los americanos, que cuando se ponen son tan suyos como los franceses, decidieron reflotar el buque. El trabajo era propio de Hércules, pero como ellos no conocían al semidios griego les dio igual. Tardaron casi cuatro años en sellar el casco, achicar 6.000 toneladas de agua y devolver el barco a su posición vertical. Trabajaron miles de obreros, buzos y soldadores. Pero trabajaron con lentitud, así que cuando el barco estaba listo para combatir en la II Guerra Mundial la II Guerra Mundial se había acabado.

Así que el bélico “Lafayette”, continuador del exclusivo “Normandie”, se fue directo al desguace. En su reflotamiento se habían gastado millones de dólares, de los que apenas se recuperó un 10% por la venta de chatarra. Una chatarra, eso sí, elegante. Tan elegante como sólo los franceses saben serlo.


sábado, 2 de enero de 2010

El demonio blanco

"Este tipo es un dictador y huele a demonios blancos". Eso fue lo que pensó Freddy Ilanga cuando conoció al Che Guevara en el Congo.

Porque en 1965 Ernesto Guevara de la Serna, alias Che, estaba en el Congo belga, que para entonces ya no era belga. El revolucionario argentino había ido a ese país para liberar a los congoleses de sí mismos y, de paso, derrocar al gobierno de turno, tan corrupto y brutal como la guerrilla que lo combatía.

Che Guevara hablaba perfectamente francés, así que pensó que se entendería con los nativos, a los que suponía ilustrados en la lengua de Robespierre y Sartre, que eran sus dos modelos: Sartre literario y Robespierre vital.

Al llegar al país con su ejército, el Che se dio cuenta de su error: allí nadie hablaba francés. Al menos entre los rebeldes, por lo que al intrépido argentino tuvieron que ponerle un traductor.

Alfred Ilanga Yatti, al que todos llamaban Freddy, había nacido en una aldea congolesa cercana a Burundi. En 1965 tenía 17 años y un arma en las manos. Ilanga hablaba swahili y también francés, idioma aprendido con unos misioneros católicos. De modo que, sin decirle quién era Guevara, sus superiores le ordenaron que no se separara de él.

Al principio, como ya he dicho, el argentino le cayó muy mal. Al fin y al cabo, Ilanga desconfiaba de los blancos y aquel hombre, además de blanco, era sucio y de pocas palabras. Ilanga nunca había oído hablar de Cuba y menos aún de sus nuevos y revolucionarios amos, pero poco a poco cambió su opinión sobre Guevara, que le trataba como a un igual.

Esa vida duró apenas siete meses, ya que los cubanos sucumbieron a la mentalidad tribal y al caos de una guerrilla que más bien parecía una banda. “En nombre del internacionalismo proletario cometemos errores que pueden ser muy costosos: aquí la tierra sobra”, escribió el Che a Fidel Castro, encantando de ver a su ex compañero a miles de kilómetros.

De modo que, tras esa breve y patética misión, Guevara volvió a su Cuba, abatido y derrotado por una realidad diferente e inesperada. Con él se llevó a Freddy Ilanga, al que no le preguntaron si quería irse: el Che lo había pensado todo, siempre por el bien de Freddy. "Es mejor tener una educación digna que una familia".

En la práctica, en plena Guerra Fría, era un riesgo inasumible dejar a un suculento traductor a merced de la CIA y el atroz gobierno del Congo. Freddy creyó que se iba a Cuba a recibir entrenamiento militar y que, al año siguiente volvería a su país. Las semanas fueron pasando y se convirtieron en meses. Los meses, en años: uno, dos, tres. Entonces se supo que el Che, había sido ejecutado en Bolivia.

Con esa noticia la vida cambió para siempre. El gobierno no le permitió salir de Cuba, pero a cambio le pagó los estudios de Medicina. Ilanga, arrancado de su tierra a la fuerza como los esclavos negros, nunca más pudo contactar con sus padres. Prefirió entonces pensar que habían muerto en la guerra.

Todo cambió cuando en 2003 una cuñada, a la que no conocía, introdujo su nombre en Google. El milagro ocurrió y allí apareció, entre comillas, Alfred Ilanga Yatti, médico pediatra y residente en Cuba. Algunas semanas más tarde, el teléfono sonó en su apartamento habanero. No reconoció la voz que, en swahili, preguntó por él: era su madre. Habían pasado casi cuarenta años. Freddy lloró.

En 2005, Ilanga falleció en Cuba. Nunca pudo volver al Congo y abrazar a su madre, que aún vive. En el comienzo de su diario africano, el Che escribió: “Esta es la historia de un fracaso”. Entre los aniquilados estuvo Freddy Ilanga Yatti.

A continuacion un trailer del corto sobre Ilanga dirigido por la antropóloga Katrin Hansing, hija de comunistas sudafricanos blancos en tiempos del Apartheid. Hansing vivió en Cuba varios años, pero terminó doctorándose en Oxford y hoy es profesora en EE.UU.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Siluetas

Étienne de Silhouette fue un recaudador de impuestos, pero no uno cualquiera. Vivió en pleno siglo XVIII en Francia, como su propio nombre indica. Si eres francés puedes llamarte Pierre o François o Étienne, y en el caso que nos ocupa sus padres eligieron éste último.

Monsieur Silhouette nació en 1709, justo hace ahora dos siglos y ya desde pequeño demostró una rara habilidad para los números. Su padre, empresario cabal, le mandó a Inglaterra a desasnarse y, de paso, aprender de los ingleses a hacer buenos negocios. Pero al muchacho le interesó mas la teoría que la práctica, los impuestos que los dividendos, así que al volverse a Francia se hizo funcionario de Luis XV. Pero, como antes decía, no uno más. No, no. Étienne de Silhoutte llegó a ser Inspector General de Finanzas de Su Majestad Le Roi, en parte a su talento y en parte a la señora Pompadour, que le apreciaba mucho (y para esto también hace falta talento, aunque de otro estilo).

Silhouette fue un férreo defensor del libre comercio y, por tanto, enemigo de los privilegios del clero y la nobleza, que en aquellos tiempos no pagaban impuestos. A partir de ahí comenzó su leyenda negra, ya que les obligó a pagar un tributo sobre las “manifestaciones externas de riqueza”. Es decir, sirvientes, castillos (que en francés se dice châteaux y queda más fino) y carruajes.

Los nobles, molestos con el justiciero Étienne, empezaron a utilizar la expresión à la Silhouette para llamar a unos pantalones que carecían de bolsillos para llevar el dinero. ¡Qué irónicos! También les dio por llamar silhouettes a los perfiles en papel recortado que se vendían en las ferias y mercedos, ya que eran una forma barata de tener un retrato. De ahí derivó que se llamaran “siluetas” y que el vocablo también se empleara con fruición para burlarse del prójimo. [Nota: Habrían de pasar doscientos años para que un grupo musical, los inefables The Silhouettes, tomaran esa palabra como nombre de guerra, pero esa es otra historia que, como decía Bastián Baltasar Bux, deberá ser contada en otra ocasión].

Silueta es un epónimo, un “sobrenombre” si vamos a la etimología griega. Es decir, una palabra que procede del nombre de su inventor o descubridor, como linchar, nicotina o diésel. Lo curioso de este caso es que el padre de Étienne de Silhouette, que se llamaba Arnaud, era de Biarriz, la preciosa villa vascofrancesa en la que Napoleón III construyó un palacio como regalo de bodas para su esposa, nuestra Eugenio de Montijo.

Y es gracioso porque Silhouette es un afrancesamiento del apellido vasco Zulueta, que de esta manera oculta su origen agrario y adquiere cierto brillo imperial. Estas cosas también ocurren en Perpiñán, donde escriben Freyssenet por Freixenet o Roussell por Rosell. Al menos así lo cuenta el escritor catalán Quim Monzó, que añade “si la historia hubiese sido otra y los registros civiles no hubieran entrado a saco en los apellidos de la gente, hoy, cuando viéramos por la calle a una belleza diríamos: “¿Te has fijado en esa chica?” ¡Qué zulueta!”.

Termino. En vascuence zulueta quiere decir “lugar del agujero” (de ahí zulo, desgraciada palabra de común uso etarra), lo que no deja de ser malsonante, incorrecto. Al menos políticamente.

martes, 20 de octubre de 2009

Eunice

No debe de ser fácil tener a un mito por hermano y menos cuando a ese mito lo asesinan. Si además era presidente de EEUU en el momento del magnicidio, entonces la cosa se complica mucho. Todo eso le ocurrió a Eunice Shriver, de soltera Kennedy, una mujer valerosa que siempre llevó encima la sombra de sus hermanos.

Eunice fue la quinta de nueve y con apenas cuarenta años ya había asistido al entierro de tres de ellos: Joe Jr. –que falleció en la II Guerra Mundial–, su hermana Kick en un accidente de avión y JFK, asesinado en Dallas por vaya usted a saber quién.

De ella dijo su padre que, si hubiera nacido hombre, hubiese sido el mayor talento político de la familia, muy por delante del presidente Kennedy o de su hermano Bob, que también murió asesinado. La gran diferencia con ellos es que su ambición no estaba en ocupar altos cargos, sino en ser útil a los demás.

Todo comenzó cuando descubrió que su hermana Rosemary, tres años mayor que ella, tenía una discapacidad intelectual. A partir de ese momento, Eunice se volcó con Rosemary, pero las cosas empeoraron cuando le hicieron una arriesga operación cerebral. Rosemary perdió la memoria y tuvo que empezar de nuevo: a caminar, a hablar, a sonreír. Entonces Eunice comenzó a llevarla a navegar hasta Marthas Vineyard todas las semanas. Hacer deporte era lo único que parecía devolver a Rosemary al mundo real y ese hecho se le grabó a Eunice en el alma.

Durante sus años de universidad en Stanford se dedicó a dar clase a los hijos de los inmigrantes mexicanos y, ya en 1950, colaboró en el Hogar del Buen Pastor de Chicago y como trabajadora social en una cárcel para mujeres.

Sin embargo, su vocación estaba en los discapacitados intelectuales, como su hermana, que en aquella época estaban dejados de la mano de Dios. De modo que cuando su padre le ofreció dirigir una fundación familiar para ayudar a ese tipo de personas, Eunice dijo sí.

Con ella al frente, la actividad de la fundación se multiplicó, involucrando incluso a las universidades de Harvard y Georgetown.

Su gran proyecto, sin embargo, estaba por llegar: los Juegos Olímpicos especiales, una competición mundial para discapacitados que comenzó en 1962 en el jardín de su casa y que hoy moviliza a 3 millones de deportistas en todo el mundo. La imagen de Rosemary navegando seguía grabada en el fondo de sus recuerdos.

Con el paso de los años a Eunice le dieron todo tipo de premios y doctorados en las mejores universidades del mundo. Ella siguió, tenaz y discreta, con su vida ordenada y su misa diaria en la parroquia de Mercy, cerca de Washington. Era una católica ortodoxa y a la vez una destacada integrante del Partido Demócrata, al que siempre perteneció y al que se enfrentó con fiereza por la postura pro-aborto de sus compaleros. Incluso fundó la asociación Feministas pro Vida. Una de las últimas distinciones se la dio Benedicto XVI al reconocerla con la Orden de San Gregorio Magno.

El pasado agosto falleció acompañada por su marido (que fue candidato a la vicepresidencia de EEUU en 1972 y ex embajador en Francia), sus cinco hijos y diecinueve nietos. Murió sin ruido, quince días antes que su hermano menor, Edward. En su despedida su familia dijo que había sido un ejemplo de fe, amor y el servicio a los demás.

Con ella se fue lo mejor de una dinastía legendaria.

martes, 22 de septiembre de 2009

Siempre fiesta

El Beti-Jai es un frontón exiliado, quizá como muchos vascos que no pueden vivir en su tierra. Lo digo porque está en Madrid y eso imprime distinción, pero también un poco de tristeza. Desde siempre los frontones añoran el sirimiri, los gritos en euskera y los bailes de romería después de la fiesta mayor de la villa.

El Beti-Jai –que está en Marqués de Riscal 7, muy cerca de La Castellana– fue en su día el rey de los frontones. Esa época comenzó en 1893, año del inicio de unas obras dirigidas por el arquitecto del Ayuntamiento de Bilbao con un prepuesto de 100.000 duros. El modelo para su construcción fue un frontón easonense del mismo nombre, hoy desaparecido, y que era explotado por la misma empresa vasca que encargó la nueva obra.

Por entonces la pelota vasca tenía una programación diaria en Madrid –que entonces alcanzaba 800.000 habitantes– sobre todo porque las apuestas que se jugaban eran jugosas. Así que el Beti-Jai (Siempre fiesta en vascuence) se unió a los otros frontones existentes en la capital, a los que se calcula que asistían unos 16.000 espectadores.

A principios del siglo XX –con la apasionante excepción del toreo– las diversiones populares eran escasas y por lo general unidas a fiestas religiosas. De modo que la pelota (y un incipiente deporte inglés llamado football) se extendieron con rapidez. Ahí el Beti-Jai brilló mucho gracias a su céntrica ubicación en Chamberí y al gran tamaño que tenía, capaz de albegar a cuatro mil personas en varios pisos de altura.

En el Beti-Jai sólo jugaban profesionales (El Manco de Villabona, Grande de Rentería o Pasiego-Chiqui) y su primer gerente fue una leyenda de la pelota vasca, Indalecio Sarasqueta, alias Chiquito de Eibar. El frontón siguió abierto hasta la década de 1920, momento en el que Primo de Rivera y su dictablanda, suprimieron el juego y las apuestas, verdadero corazón de la pelota.

Su inauguración, en la primavera de 1894, fue un acontecimiento brillante. Acudieron políticos, toreros, artistas y mucha gente del pueblo. Dicen que hasta el rey Alfonso XIII, que apenas tenía 8 años y aún estaba bajo la regencia de la reina Mª Cristina, asistió de incógnito. En la revista El Pelotari se dijo “El edificio es airoso, artístico y elegante. […]. En los trajes de los jugadores se introduce una gran innovación, gastarán camisas blancas con un escudo y las iniciales de los dueños del frontón. De ésta suerte, aun quitándose la boina y el cinturón, podrán ser perfectamente conocidos.”

Durante la Guerra Civil se siguieron dando golpes en el Beti-Jai, pero no de la piel contra la piedra, sino de puños contra huesos al ser ocupado como comisaría y cárcel republicana. Con la dictadura franquista fue lugar de ensayo de bandas musicales de la Falange y en los 50 se vendió a Citroën como taller de reparaciones.

En los últimos tiempos se celebraron en el Beti-Jai veladas de boxeo, conciertos de rock y hasta concursos caninos. Después llegó el silencio y la ruina.
Desde hace treinta años, y pese a tener la declaración de Monumento Nacional, el Beti-Jai agoniza y se desmorona. Desde hace cuarenta no se celebra un partido de pelota en Madrid.

Y ya va siendo hora.

jueves, 16 de abril de 2009

Por la izquierda

Los ingleses siempre me han llamado la atención por esa costumbre tan suya de hacer las cosas al revés. Hablan al revés, conducen al revés y cuando la niebla impide navegar por el canal de La Mancha dicen “Europa ha quedado aislada”. Poco importa que los aislados sean ellos, el hecho es que le dan la vuelta a la realidad.

Entre sus maniáticas tradiciones (como el té con scones o la Familia Real) me encanta la de conducir por la izquierda. Esta costumbre no es exclusiva, ya que un tercio de la población mundial les imita. Entre otros, Japón, la India y Australia.


El origen de ir por la izquierda está en los caballos, que durante siglos fueron el transporte universal. Al ser la mayor parte de la población diestra, lo natural para montar al rocín era ir por el costado izquierdo. Por tanto, se eligió ese lado para circular, ya que lo lógico era subir y bajar del animal a un lado del camino –el izquierdo–, y no en medio de él.


Más tarde, llegaron los coches de caballos, pero las cosas siguieron igual. Los conductores llevaban las riendas con la zurda y con la diestra el látigo, que de ese modo quedaba en el centro de la calzada. Si hubiesen circulado por la derecha, al azotar a los animales los peatones corrían el riesgo de recibir algún latigazo.


A finales del siglo XVIII las cosas cambiaron. Ocurrió cuando en Francia se obligó a los transportes de mercancías a transitar por la derecha. Esos coches carecían de asiento para el conductor, que solía ir montado en el último caballo del lado izquierdo para fustigar a la recua. Sin embargo en esa posición veían mal a los carruajes que se cruzaban con ellos. Así que el tráfico pasó gradualmente a la derecha para mejorar la visibilidad y evitar accidentes.


Con Napoleón, ese amante de la libertad, se impuso el nuevo modelo a los países conquistados. EEUU imitó a los franceses para dejar claro que hasta en eso eran independientes de Gran Bretaña. En otros países se dieron curiosidades, como en Canadá, donde se circulaba por la izquierda en la zona anglófona y por la derecha en la francesa (Québec). Mientras tanto, los italianos, siempre creativos, decidieron que cada uno hiciera lo que quisiera mientras avisara antes. Por eso a la entrada de las ciudades se aclaraba por qué lado se conducía.


Poco a poco los vehículos comenzaron a motorizarse y el látigo desapareció. Entonces muchos países se pasaron a la derecha, ya que era más cómodo cambiar de marchas con esa mano. En España la obligación llegó en 1924 y en Austria en 1938, cuando los nazis unificaron el tráfico de todo el Reich.

El último cambio en el sentido de la circulación ocurrió en Suecia en 1967. En esa época, la mayor parte de los vehículos eran de importación y tenían el volante a la izquierda (es decir, un peligro). El 3 de septiembre de ese año el gobierno organizó un referéndum para respaldar el cambio, pero la consulta salió al revés y un 83% de los suecos votaron seguir conduciendo por la izquierda. Como el resultado no les gustó, los políticos lo ignoraron, pero ese día pasó a la historia sueca como Högertrafikomläggninge Dagen, que parece que significa “día del cachondeo de conducir por la derecha”.

Hoy los suecos conducen como todos los europeos…Todos menos los ingleses, claro, que siguen yendo por la izquierda.

miércoles, 1 de abril de 2009

Hotel de mil historias

Rafael Moreno es un romántico. Basta hablar con él dos minutos para darse cuenta. Incluso con uno sólo alcanza. Hace unos días me lo encontré en el Café Iruña, refugio obligado de pamploneses de toda la vida. Era sábado y lucía un sol extravagante, impropio de esta primavera escocés que sufrimos.

Rafa iba elegante, como siempre, pausado en las formas y cabal en el fondo. Hablamos un rato y una vez más me maravilló comprobar que es un hombre que ha hecho realidad su sueño: restaurar la casa de sus antepasados y abrirla de nuevo a todo el mundo. Una casa que se levantó para ser hotel en la Plaza del Castillo 1, puro corazón de Pamplona la Vieja, lugar donde él nació.

Desde su construcción en 1881 los Graz-Moreno regentaron el Hotel La Perla, que ahora es un cinco estrellas recuperado a mayor gloria de la capital navarra. Sus paredes son historia viva de otro tiempo y, si hablaran, contarían muchas cosas de sus visitantes. Revelarían quizá los secretos de Orson Welles por las callejas pamplonicas, hubiera encierros o no. Acaso nos envolvería la música de Pablo Sarasate, que vivió a temporadas en el hotel y que tocaba el violín en el balcón para entretener a los viandantes, o tal vez repetirían los andares desmañados de Charlot, alojado allí con el nombre de Charles Chaplin.

La magia de La Perla no está, ni mucho menos, en que haya tenido como huéspedes a grandes personalidades, sean Alfonso XII o el marqués de Lozoya, Eugenio d’Ors o el Aga Khan. Para eso hay hoteles que pueden lucir más galones. El encanto de La Perla está en que cada habitación, bautizada con el nombre de alguno de sus ilustres visitantes, conserva recuerdos de todos ellos, ya sean fotografías suyas en el hotel, algunos muebles que conocieron o, simplemente, las vistas que disfrutaron.

Gracias a esto es posible asomarse a la calle Estafeta desde balcón que usaba Hemingway –del que este año se cumple medio siglo de su última visita– para ver el encierro o admirar el primer ascensor que tuvo la capital navarra, el mismo que esperaba Manolete para subir al cuarto tras sus faenas en la Monumental de Pamplona.

Porque La Perla fue también hotel de toreros legendarios. De Belmonte a Cayetano Ordóñez pasando por Lalo Moreno, matador navarro, que en óleo y traje de luces preside con empaque el restaurante, conocido popularmente como “Las Pocholas” en homenaje a las hermanas Guerendiáin. Ellas fundaron el Hostal del Rey Noble, antaño situado en el Paseo Valencia y hoy convertido –para dolor de los pamploneses, entre los que quiero contarme– en una mustia caja de ahorros. Vasca para más señas.

Lalo, que es hermano de Rafael y fue un novillero con casta, tomó la alternativa en Tafalla de manos de El Niño de la Capea. Sin embargo, quijote por vía paterna, se cortó la coleta ese mismo día. Sólo por ese gesto tiene bien ganado su lugar en el Cossío. Por ese gesto y también por el refrán que, discreto como buen Moreno, tanto le gusta: Bien vive quien bien se esconde.

Así que esta es la historia de un hotel con mil historias. Una casa generosa imaginada por Víctor Eusa que engrandece Pamplona porque conserva el alma de la ciudad y que la embellece y se la cuenta con cariño y palabras mudas a todo el que traspasa sus puertas.

Gran Hotel La Perla. Tres siglos, cuatro generaciones, cinco estrellas.


Publicado en OSACA (dominical del Diario de Burgos) el 15 de marzo