Este cuadro de Goya titulado El apóstol Santiago y sus discípulos adorando a la Virgen del Pilar, me ha recordado a una vieja historia.
Confieso que no conocía el lienzo, aunque el sordo de Burdeos es uno de mis pintores de cabecera. Más por los Caprichos y los Disparates que por los Desastres, tan brutales. Pero esta reunión de Goya y Santiago el Mayor en el Pilar es otra cosa. Diferente, luminoso. Muy italiano.
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Caridad y Ramón esperaban su tercer hijo, al que iban a llamar Santiago. Las cosas iban bien hasta que empezaron a ir mal. Tan mal que perdieron el niño. Era octubre y en esos días el padre estaba de camino. De Camino a Santiago con un grupo de alumnos y algún amigo.
La mala noticia le pilló en plena subida a la Cruz de Fierro, cerca de Foncebadón. Era 12 octubre, eso no lo ha olvidado, fiesta de la Virgen del Pilar. Quizá como la imaginó Goya. Probablemente no. Importa poco.
A su lado caminaba un buen amigo, que curiosamente iba a ser el padrino del pequeño Santiago. "Cari ha abortado", le dijo con los ojos. El silencio era atronador. Ochoa, el compadre que ya no iba a serlo, le puso el brazo por encima del hombro. Cristiano viejo y peregrino, que viene a ser lo mismo, le susurró unas palabras de consuelo sin dejar de mirar al frente, sin dejar de caminar: "Se le ha aparecido la Pilarica. Igual que al Apóstol".
Benditos los mansos porque ellos heredarán la tierra.

Buena historia.Todavía más para el primer viernes de cuaresma. Grande para un zaragozano, como yo. Un pero: ¿Por qué ese empeño por llamar a la Virgen del Pilar "la Pilarica"?
ResponderEliminarUn saludo,
José Antonio